Ahora que la Greta le cae mal a todo el mundo, por sus trenzas rubias y porque uno sólo puede pronunciarse contra el calentamiento global cuando no se ha nacido en un país frío y nórdico, yo voy a pronunciarme en favor de esa chica de gestos raros y voz peculiar. Y lo voy a hacer por una sola razón (yo sí creo que nos va a cargar la chingada, anyway). Bueno, dos. La primera es muy antigua; amo los cuentos de esos países del norte; qué le vamos a hacer. Yo no podía decir; denme a leer tragedias de mi pueblo. La verdad, cuando tenemos las miserias enfrente, no las vemos. Y si no salgan a ayudar al mendigo que va pasando por su calle. Tampoco se me ocurrió protestar porque me pusieron a leer a ese otro freak, el pato feo Andersen. Y luego; fuera de aquí Reuter, ese otro danés que no debería estarse fijando en unas islitas pinchurrientas del Caribe si él, privilegiado, nació en el primer mundo. ¿Y qué? Es casi mi escritor favorito.
La segunda es que la trenzuda (Pippi Longstocking o Pipa calzas largas, como la quieran llamar; el libro, por cierto es de otra sueca, Astrid Lindgren), tiene Asperger. No, su abuelo no era alemán ¿o sí? Y en mi familia el asperger, esa forma de autismo es una constante, que no una excepción. Los más jóvenes diagnosticados, los otros viejos, anónimos y excéntricos en la familia. Menos mal en el San Cristóbal de hace cincuenta años, en una población pequeña, se podía ser normal bajo el cobijo de la familia.
Hace poco estábamos en el hospital y el psiquiatra me fue enumerando los rasgos característicos del síndrome. Cuando terminó le di las gracias; no venía yo a consulta pero esas cosas incomprensibles, que tanto me atormentaron en mi infancia, por fin las vengo a entender, doctor. Ese terror a los salones llenos de extraños, el primer día de clases, el pavor en las fiestas donde no conocía a nadie; la timidez encubierta con actos expansivos en mitad de la clase....
Pero volviendo a la Greta. Pues sí, no nació en la Amazonía ni la ejecutaron por no hablar español sino una lengua indígena. No le tocó nacer (¡Qué bueno!) en un país donde te matan por alzar la voz. Pero entiendo sin necesidad de ver su pasaporte y esos gestos peculiares que hace al hablar, esa contumacia, esa necedad de estar sentada horas y horas manifestándose, sin esperar a cambio simpatías (la paradoja: las consiguió). Aquí no hablo de mí, pero he visto esa tozudez en otros miembros de mi familia. A los que no rompen un plato, a esos hay que tenerles miedo. Su determinación es a prueba de bombas. Y aunque no voy a discutirlo aquí, ¿dónde dice que unos seres humanos están más autorizados que otros para abrazar causas perdidas y volverse populares? ¿Que la utilizan y la apoyan unas instituciones y países hipócritas? Todos podríamos estar en el mismo barco, me temo. Algunos arriba en cubierta; los mexicanos con los galeotes, eso que ni qué. Y por mera curiosidad pregunto: ¿aquí no hay hipócritas? ¿La falsedad la patentaron en la ONU?
Pero insisto: ¿Qué tienen los suecos? Tienen a un Nils Holgersson que puede hacerse pequeño, subirse a una oca y sobrevolar su país. Y la autora, Selma Lagerloff, otra chiflada, se embolsó el nobel de Literatura en 1909 y además, señores, fue la primera mujer en obtenerlo.
Así que ya dejen en paz a la Greta. No la odien sólo porque no es la Garbo. Por cierto, el apellido de ese mujerón en realidad era Gustafsson y claro, era sueca aunque después se nacionalizara estadounidense. A su modo, ambas Gretas son unas bombas. Y además, para que los sepan mis haters de ocasión, esta escuincla es "Thunderber". Hasta podría asegurar que salió así por tanto libro bueno y gente loca que de pronto surge en los países nórdicos. Y que, nos guste o no a los que vamos remando en los galeotes, escribe muy muy bien. No lo dudo: cuando los leemos, es que salimos disparados a la cubierta a ver el sol.


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