martes, 29 de enero de 2019

What's up my dog...


Pasé la mañana componiendo el mundo con Tiberio. Él desde su oficina, yo frente al fregadero con un montón de platos.
Como quien quiere evadir su bochornosa realidad, lo acoso con dilemas. Tiberio, bendita Esfinge.

- A ver. Explícame ya. ¿Por qué te gusta tanto humillarte, ponerte de alfombra con los prepotentes? Te tratan peor que a un perro.
- Precisamente por eso. 
- ¿Por qué?- Su parsimonia me exaspera más que la grasa pegada en la cacerola de alumnio.
- Por placer. 
- ¿Qué?
- Por el placer inmenso que me causa mandarlos a la chingada una vez que ya agarraron confianza conmigo. No sé. Me encanta ver sus caras. 
- ¡Uf! 
Podría ser el fin de la conversación, pero Tiberio, Esfinge al fin, revira:
- ¿Por qué te extrañas? Tú haces lo mismo.
- ¿Eh?
- Sí; te pones de pechito con los más deleznables. Te les acercas, les hablas bonito, dejas que agarren confianza, se crezcan y te traten de mal en peor… Haces tu papel de perro apaleado. Y después de un tiempo, ¡a chingar a su madre!

Lo pienso unos segundos:

- Cada quien saca su rabia como puede. 
- Usa un poco de cloro para esa grasa.  Yo ya me voy, que ahí viene mi jefa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario