Corría el año del levantamiento zapatista. Era nuestro último semestre como
estudiantes de Ciencias Humanas, y el futuro se antojaba incierto. Aunque ya
llevábamos un seminario de investigación, no teníamos ni idea de cómo íbamos a
conseguir el título. Mucho menos podíamos saber qué sería de nuestras vidas,
pero Florentino Mondragón echó el anzuelo de sus pronósticos a la explanada del
claustro mayor y me dijo: la Nina nos va a dar grandes sorpresas. Traigo a cuenta esa anécdota, porque el
cabrón no se equivocó.
La maestra María Antonieta Flores Ramos vuela hoy a Brasil. Nina, para los cuates, en estos momentos debe
estar ya por los aires, lista para
aterrizar un proyecto que persiguió durante diez años y le tomará cuatro años
más concluir: un doctorado en la Universidad Federal de Matto Grosso. Apenas ayer, cuando fuimos a despedirla, le
pregunté de qué iba su proyecto. A
grandes rasgos, entendí que analizará los retos que enfrentan sus alumnos,
hablantes de lenguas originarias del estado de Chiapas, en la escritura de
éstas y el Español. O eso entendí.
Me parece magnífico su tema. En primer lugar, porque mi hermana, en sí
misma, es maestra en el arte de los desafíos. Y las negativas no la hacen
pestañear. Le puedes decir no una y otra
vez. Iluso. No sabes que tienes enfrente a alguien que no te está escuchando.
Antes bien, frunce el ceño, analiza el panorama y pone en práctica su siguiente
estrategia. Parece que sacara recursos de un baúl inagotable de maniobras, de donde proviene
también su corrosivo sentido del humor.
Vaya usted a saber de dónde sacó esa capacidad para correr carreras de
obstáculos. Sé de cierto que desde niña poseía una capa de invisibilidad. Uno apenas poniéndose los tenis y ella ya
había dado tres vueltas a la pista. En
una ocasión participó en una carrera; no ganó, pero llegó a la meta de la mano
de su madrina, la tía Pita, quien la acompañó corriendo los últimos metros.
Nunca era la más veloz; era la que siempre concluía el recorrido. Cuando intentó estudiar pintura, sus bocetos
no convencieron a los examinadores. Pues al otro día ya estaba presentando
examen de admisión en el Claustro de Sor Juana, y de ahí se graduó tras nueve
semestres de estudios y otros tres años de aventuras con la tesis, que ni
Umberto Eco hubiera imaginado. Con esa hazaña, la Nina nos dejó claro a todas las liebres que ella
era la tortuga de Esopo. No copiaba ni
hacía trampa en la carrera. Y como en la fábula. Cuando casi todos estábamos en el jijijí, jajajá, en el Dolce Far Niente y divagando
sobre proyectos irrealizables, la Nina, subrepticiamente, se iba haciendo cada
día de fichas bibliográficas, libros misteriosos y apuntes, donde se aplicaba
al estudio de las figuras retóricas en la mitología griega. Se iba a la Biblioteca Central en la UNAM,
sacaba fotocopias (no había internet ni mucho menos webones), y encuadernaba
sus copias con tapas de color azul, para al final colocar en la primera página
un sellito con su nombre y la figura de un elefante. Teoría literaria, El Arte
del Verso, todos los incunables de los tesistas estaban cuidadosamente
alineados en su ropero. Sorteó todas las
dificultades. Y aunque fueron tres años
de trabajo y desventuras, fue la primera del grupo en titularse, en una
aventura no exenta de episodios rocambolescos: asesores que abandonaban,
conflictos administrativos, cambios y veleidades en el personal del Claustro,
rencillas entre los sinodales, correcciones interminables, hasta un asesor
fallecido. A cada baja, la Nina sumaba vidas. Sus aventuras dieron lugar a una
crónica donde se hacía el relato del "cómo titularse, contra viento y
marea".
Podría dedicar varias páginas a poner ejemplos similares donde la tenacidad
de mi hermana sale victoriosa, pero sé que no le gustará, así que sólo
mencionaré su hazaña más reciente. Su proyecto de tesis doctoral, al parecer,
no es un tema que interese a personas ajenas al universo multilingüístico en
nuestro país. Es tan caprichoso el destino, que después de varios años
de búsqueda, cuando la ENAH ya estaba por abrir
un grupo del que Nina ya formaba parte, al final le dieron la triste noticia de
que el doctorado no se había abierto, por falta de alumnos.
Otra vez opinó el Tino. Ahí lo vas a ver. Seguirá intentando. De nuevo acertó. Las escuelas patito quedaron fuera del universo
tortuguil. Le llevó casi una década de estudios y solicitudes, de preguntar
aquí y allá. Y mientras tanto, sus alumnos de licenciatura se iban titulando.
De pronto la veíamos en las fotos, dirigiendo exámenes profesionales. Fiel a su estilo, corregía trabajos
escolares, enseñándoles a sus alumnos que no todo es cortar y pegar, poniendo
notas e imprimiendo páginas para probar de dónde salían las tareas plagiadas. Y
dando sus famosas clases de lectura y redacción. Y ahora sí, sumando
publicaciones originales de gramática y lingüística a su librero donde se
mezclan textos en español, inglés, portugués, además de su colección de
ejemplares de "El principito" en idiomas diversos. Hace unos meses emprendió la tarea de
aprender tzeltal y dice que es el idioma más difícil, pero ya pronuncia algunas
frases, para sorpresa y algarabía de sus alumnos, quienes saben bien lo que es
tropezar con nuevos sonidos y grafías y de alumnos se convierten en maestros de su profesora.
Aunque el mundo exterior se tambalea y el estado de
Chiapas sigue atravesando diversos conflictos, el trabajo constante de Nina ha
rendido sus frutos. Ayer me dijo: uno de mis alumnos ya está en el
doctorado. Hace unos meses mi hermana
recibió una carta de Brasil, país donde vivió varios años, aprendió la lengua
de Camoes, estudió su maestría y tradujo, con ayuda de su esposo, un poema de
Efraín Bartolomé. Antes, el estudio de la obra de un poeta de Ocosingo la llevó
a concluir una licenciatura y una maestría.
Hoy, en el día internacional de la lengua materna, Nina regresa a Brasil para trabajar, desde
allá, en el doctorado, toda esa vasta experiencia adquirida con sus alumnos,
hablantes de tzotzil y tzeltal, a lo
largo de más de diez años. La acompaña
su cuaderno de apuntes y una determinación a prueba de negativas, como no he
conocido nunca en otra persona. ¿Por qué va a la gran carrera en ese inmenso
territorio brasileño? Porque la tortuga
de Esopo sabe que toda gran jornada empieza con un paso. Y porque algo deben saber
en el Matto Grosso que nosotros, las liebres, no alcanzamos a comprender.
Ciudad de
México, 21 de febrero de 2018.

Querida It, pasa que cuando te leo me quedo sin garras, y los leones sin garras ni son leones ni sirven para nada. Gran texto. Un abrazo para Nina.
ResponderEliminarLos leones sin garras cuelgan del muro frívolo de un cazador. Con todo, nos miran fijamente, y es tan intensa su mirada, que por momentos parece que cobrarán vida de nuevo para asestar un zarpazo. Enviaré tu abrazo hasta Cuiabá.
EliminarEstimada Hades Te agradezco sobremanera este elogioso texto.En efecto la fecha emblematica fue escogida previa revision de las lenguas aun vivas que se hablan por el trayecto que atravesaria el avion.No hubo fallecidos entre los asesores de licenciatura pero si fallecio el mtro Victor Esponda con quien. en diciembre del 2016 en ocasion a la presentacion del libro de Cristina Chapoy. nos 'apalabramos' para que en 2018 -pues la convocatoria es bianual- solicitara un doctorado en cesme ca contando con el como asesor.Un caluroso saludo a Tino y a ti...
ResponderEliminarNada que agradecer, Nina. Sólo escribo sobre aquello que me produce un impulso e inspiración. Tomo nota de la corrección; estuve buscando aquella crónica de tu tesis de licenciatura, para verificar las peripecias, pero no la encontré, y sin querer anuncié un fallecimiento que habría de ocurrir, muchos años después (¿licencia de García Márquez?). Iba a corregirlo pero lo voy a dejar, porque me gusta la frase que sigue después, salida de un videojuego. ¡Duro con los lestrigones!
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