Sí se vale reincidir, pero
con conciencia.
Te busqué de nuevo
(reincidí):
A) Porque no había alguien más disponible. B) Porque prefiero ser
tu dios y no el despojo de otros. C)Porque tú sí me ayudas a pagar los gastos.
D) Porque soy un acomplejado y no puedo aspirar a más. E) Porque no quería ir
solo al cine. F) Porque me da pena decirles a mis amigos que no ando con, con,
¡con quien sea! G) Porque ya me están preguntando mis tías si soy gay. H)
Porque no me animo a decir, soy soltero(a). I) Odio las tardes de domingo. J)
¿Con quién voy a la fiesta? K) Detesto las ataduras pero también llorar cuando
nadie me ve. L) Extraño las noches de pasión (tú lavando mis calzones, más
bien). M) Ando urgido. N)Me cortaron y no quiero quedar en ridículo. O) Nadie
más quiere lavar mis guacareadas en el baño. Q) Porque tú sí pagas el
mantenimiento. R) Ya se va a vencer el predial. S) Y la tenencia. T)Porque ¡ay,
cómo me dan pena las abandonadas! U) No puedo decir en mi club de los lunes que
ya no vienes ni los fines de semana…. V) Piensa en nuestros hijos, W) ¡En el
perro! X) Ya juré en la cantina que no vuelvo pero ¿quién les cree a los bolos?
Y) Supe que ya te dieron tu aguinaldo. Z) No te quiero devolver tus discos ni
tus libros. (¿Más motivos? Uf. No hay abecedario que alcance).
No se vale disfrazar la
reincidencia con el pretexto del AMOR. Se entiende que las más de las veces, la
honestidad es un pasaporte para ser enviado a la mierda.
Y es que también se vale,
por supuesto, mandar a la chingada al suplicante. Éste podrá haber disfrazado
sus auténticos motivos, pero aquí se aplica el: no soy tu burla, págate un
psiquiatra, aprende a lavar los platos, plancha tú las mangas de tus camisas
sin dejarles raya, regresa a llorarle a tu peoresnada, usa el metro y dame las
llaves de mi carro, y ¡ah, vete al buró de crédito tú solito, mi rey! O mi
reina, o mi dulce compañía, no me desampares…
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