jueves, 1 de marzo de 2018

Las garras de la Trevi, diecinueve años después.


Un poco de historia

Abro una carpeta en el escritorio de mi laptop. El 14 de abril de 1999 está fechado un archivo que se titula Trevis. Lo tuve por años en un disquete cuadrado, de los viejitos, antes de copiarlo a un formato más actual, junto con otros archivos que son borradores o versiones finales de los textos que salieron a la luz en la revista Este Sur, ya extinta, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.  En breve mi texto cumplirá diecinueve años. 
Acabo de leerlo, porque ya no lo recordaba y sobre todo porque quise volver a la que era yo entonces.  La Italia de pelo largo, encerrada en el calor soporífero de una ciudad que odiaba, donde conocía muy poca gente, vivía un infierno particular y estaba hasta la madre, tratando de hallar una salida, a como diera lugar.
Es curioso que el texto que escribí para presentarme en la revista fue el de una mujer que se presentaba como la encarnación de la rebeldía: una adolescente locochona de pelo largo, libre y desinhibida, siempre polémica.  Después me enteraría yo que en realidad esa mujer vivía atrapada la codependencia, estaba en manos de un explotador que se quedaba con su dinero y además le tenía prohibido tener otro novio y relacionarse con otras personas.  Un abusivo que la encerraba y la golpeaba, no sólo a ella sino a todo su séquito de adolescentes sometidas.

En ese abril,  el escándalo mayor todavía estaba por venir, con la denuncia por violación y corrupción de menores, además del posterior encarcelamiento de la pareja en una cárcel brasileña. Sin embargo, me llama la atención el momento en que escribo mi texto (el dúo aún prófugo) porque señala algunos de los puntos controvertidos de la historia del monstruo y sus princesas:  la sospechosa ingenuidad de los padres, el lavado de cerebro a las jóvenes víctimas, el hecho, para mí incontrovertible, de que la Trevi siempre dice la verdad pero las más de las veces hay que leerla entre líneas, como sucede en sus canciones. Otras veces habla directo, sin matices: dice, por ejemplo, en la entrevista con Cristina, que si hay que limpiarle la mierda a los seres queridos lo hará. Y vaya que lo cumplió. La cárcel y el linchamiento mediático son sin duda el desollamiento que hacía falta cuando escribí mi texto.
El escrito tiene notorios errores de redacción, pero me gusta por sus evocaciones a esa Trevi que publicó sus cómics en la jornada y porque se nota mucho mi admiración por el cuerpazo que se cargaba. Ya no era la Lolita de Nabokov pero tenía aún esa magia que todos perdemos con los años. Están claro, los que se obstinan en seguir siempre jóvenes, los píterpanes que no conocen el valor de la responsabilidad. Esos a los que les pasan las cosas. ¿Por qué a mí, que soy tan bueno?   

Me atrajo la figura de la Trevi desde la primera vez que la vi pataleando en Siempre en domingo. No me gustaron sus berridos pero sí auténtica creatividad; su espíritu rebelde. Es mismo que a fin de cuentas resultó ser la fachada de un ser marcado por los abusos de su madre en la infancia, preludio de los que seguirían después. Un personaje con una definición de amor asociada al maltrato y la dominación. Amor que quién sabe qué chingados significa pero que no incluye al respeto en su definición. Cada vez que veo a alguien en circunstancias semejantes, deseo que se libere, que rompa sus ataduras, de seguro como una proyección personal, pero al paso del tiempo he terminado por aceptar que mi ídola no dejará jamás de ser contradictoria.  De un patán a otro, chulada de muchacha. Pagando las cuentas, soportando los exabruptos del marido con una sonrisa en el rostro ya medio retocado por el bótox o la cirugía. Pero linda y con la virgen de Guadalupe a flor de labio.  Es más atractivo pertenecer a la gente bonita que aceptar la responsabilidad que nos toca. 
Hasta eso, Gloria tuvo suerte. Salió libre de los cargos antes citados y como nunca se le acusó de encubrimiento o complicidad, pues eso no era materia del juicio y mejor no hablemos de cosas tristes. Errare humanum est. A me hubiera gustado que asumiera la parte que le toca, carpetazo y a seguir incendiando conciencias, ahora sí en serio, de a devis, Trevis, pero eso le hubiera costado perder el respeto de los fans, el apoyo de la televisora y la billetera. No. Mi Trevi no nació para bruja medieval.  Posee una ceguera muy conveniente, exasperante (no oigo, no veo, no hablo), pero me sigue gustando su capacidad de ave fénix y sin duda seguiré pendiente de su vida y sus piernas, aunque no tanto ya de sus canciones. Y voy a seguir leyendo entre líneas porque ella no me va a contar la verdad.

Menos mal sí le platicó algo a Sabina Berman, gracias a un suizo chiflado que llegó a México con intención de hacer una peli sobre Gloria Trevi. Hace unos días leí el libro de Sabina y después vi la película, con guión de la misma escritora (¡bendito netflix!). Las lecturas me llevaron a rastrear mi propio texto de 1999. Al final caí en cuenta de un detalle en el que nunca antes reparé. La edad de la Trevi: cincuenta añotes. Mi edad (perdón que siempre termine hablando de mí; soy lo que conozco mejor y por eso me reescribo a cada oportunidad).
Como admiro a la señora Berman, me ha puesto muy contenta que hace diecinueve años yo también imaginé mi propio guión de la película. A diferencia de ella, yo no la escribí. Pero estuvo bien porque todavía habrían de pasar muchas cosas interesantes en la vida de la regiomontana que me ha obsesionado tanto. Todos los seres humanos nos preocupamos por el qué dirán, por la fachada, por lo que pudieran estar pensando los otros.  A menudo he constatado que quienes afirman enfáticamente que “a mí no me importa la sociedad, el qué van a decir” son justo los más obsesionados con el tema. Y es tal la urgencia de obtener reconocimiento, que llegamos a creernos las mentiras que inventamos en aras de una imagen aprobatoria de los demás.   Pero ese es otro tema largo de contar.

Mejor paso a dejar turno a mi texto viejito.  A una Italia que necesitaba una llave para escapar y darle a su vida un poco más de congruencia. Vaya ironía, la llave me la dio una ambigua Trevi, la tarde en que me senté a escribir sobre ella. Porque esa Italia sabía que dentro de su armadura de piedra habitaba otra a la que le urgía salir a respirar. Y así, hasta la fecha.  Sigo medio escondida, pero de tanto en tanto, me concedo una tregua, agarro la pluma como si fuera un cincel y ¡madres! A picar piedra.  



LAS GARRAS DE LA TREVI
(apuntes para un guión cinematográfico)

Atrapada en una de sus propias historietas, la cantante Gloria Trevi protagoniza desde hace unos meses un road movie, digno de dicho género cinematográfico, conocido por filmes tales como Asesinos por naturaleza (Oliver Stone) o París Texas (Win Wenders).  La historia no podía ser mejor. La chica acelerada huye en compañía de su manager, el compositor Sergio Andrade, ávido de púberes ingenuas. Como la pareja no puede viajar sin una de sus pupilas, se lleva a Karina Alejandra, una niña chihuahuense de parientes desmemoriados quienes finalmente denuncian el hecho.  Los persigue la opinión pública y la Unidad Especial Antisecuestros de la Procu.  Esta fan irredenta de la Trevi sólo espera que el final no sea patético (la Trevi pidiendo perdón al ver el fuego de la hoguera). Sería más honroso que sacara un calendario de prozac, nembutal, tafil o cualquiera de esas pastillitas, colgadas a su cintura en un collar de cuentas.

Hay otra película que podría contarse, si retrocedemos una década y consultamos las fuentes de Teleguía, Notitas Musicales y demás etcéteras. Los ANTECEDENTES: Gloria es la chava que sueña con triunfar, y con tal motivo emigra al D.F., desafiando a su decentísima familia regimontana (recuérdese la carta de la abuela, Gloria, niña triste, que la señora publicó en el periódico El Norte, cuando su nietecita ya era famosa. ¡Ah, cómo se reiría la Trevi leyéndola! seguro se meó sobre el periódico).  Después de las penurias de rigor, presentamos la SECUENCIA DE APERTURA. Nuestra heroína se aposta durante horas en la entrada de una estación de radio, hasta caerle a Sergio Andrade, su productor cuando Gloria era quinceañera y cantaba en el grupo Boquitas Pintadas. Sobra decir que lo convence de sus habilidades como compositora e intérprete.
EL PRIMER GIRO ARGUMENTAL. Sergio prepara el lanzamiento del año 1989 y le hace un coco wash a la Trevi. Hijita, vamos a explotar una imagen de chava buena onda, medio rebelde e incomprendida. Para hacer visible la singularidad de su creación, el doctor Andrade viste a su monstruo con unos trapos loquísimos, medias rotas, combinaciones de caja fuerte y extensiones de la greña. Todo ello, con la licencia que le otorga ese cuerpazo de infarto (véase Calentarios).  Y sale el disco, con aquella rola reiterativa, doctor Psiquiatra, donde Gloria berrea hasta venirse a la realidad.  Zafarranchos que no espantan a nadie pero dedicados a impactar a los fans, a las buenas conciencias y a los padres de familia atónitos. De ahí pa’l real, la Trevi podrá postularse como presidenta de la república, censurar a Marcos, cantar temas polémicos escritos por ella misma, insinuar abortos, condones, pregonar la virginidad como un estorbo y hasta plantear la posibilidad de suicidarse cuando la vacuidad que la rodea así lo exija.
Mención especial a las mejores ocurrencias de Gloria; subir a los chavos al escenario para encuerarlos, a ver si los muy machitos se atreven a enseñarle las lonjas a su novia. Contratar a Maritza López para tomar las fotos de los calendarios. Poner sus dibujos en los discos y publicar un cómic en las Histerietas del periódico La Jornada.
Y otra mención honorífica para el calendario 1992. La fotógrafa Maritza López, hubo de ingeniárselas para mostrar mucho, sin exagerar. Esto es, la Gloria se encuera y en lugar de pubis hay una panti con gatito. Un derriére poca madre, acompañado de la torre latino y demás monumentos chilangos. Por esta hazaña visual, la regia podrá vanagloriarse hasta el pleonasmo, uno, de haberse instituido como musa chaquetera, y dos, de desatar una legión de imitadoras que, o no estaban tan buenas (las fotos) o el público se aburrió. Sólo que se aburrió también de los calendarios de la Trevi. Luego de fetichismos y tetas escondidas tras carrilleras septembrinas, hubo que mostrar más: la Trevi en la alberca, dejando ver su cuerpo bañado por el cloro. Y si siguen los años, Maritza y el manager hubieran tenido que desollarla viva, acompañada de cabritos asados. Porque el ídolo de los adolescentes no iba a fotografiarse como la Cicciolina o cualquier porno star explícita y genital. ¡Lástima! Más le hubiera valido a Gloria sacar todo y así convencer a muchos de la autenticidad de sus chifladuras. ¿Hasta dónde fueron producto de la imagen creada por el pigmalión Andrade?
FLASH BACK para ocuparnos del tan mentado señor. Don Andrade, resignado a vivir a la sombra de sus intérpretes, alguna vez hizo su berrinche a Televisa para lanzarse como solista. Total, que supuestamente perdió sus obras maestras, y hasta ofreció recompensa -vía Siempre en Domingo- para quien devolviera el maletín. La humanidad se salvó del hallazgo y Andrade cantó siempre vendrán tiempos mejores, con la voz de Yuri (hoy conversa al más neto cristianismo). ¿Qué más? El compositor de Suavemente, jugó a la gallina ciega con Crystal y trató por todos los medios de contarle las pecas a Lucerito, quien a su vez contaba con una madre a prueba de bombas y Andrades. Ni modo. Pudo haber esperado unos diez añitos, como Mijares, y le hubieran hecho caso (si no engordaba, claro). Pero el asunto es que don Sergio se quedó  estacionado en sus años de adolescencia, y por supuesto, la primera víctima del tiempo y las fijaciones del compositor veracruzano fue ¿quién creen? La buenérrima de calendario pero ya no tan quinceañera Gloria Trevi. ¡Qué le vamos a hacer! Hasta Lolita creció y se hubiera convertido en una respetable matrona si Nabokov no decide matarla de parto, con tal de no presenciar semejante atrocidad.
Pero estábamos en el mejor momento de la protagonista del film. La Trevi triunfa en radio, televisión, cine (en un país donde sólo las películas gringas se quedan en cartelera durante meses, Pelo Suelto rompe récords de taquilla) y hasta el mundo intelectual va tras sus huesos.  El infaltable Monsiváis (vea Los rituales del caos, si quiere acusarnos de fusil). ¿Por qué no le tocó avionazo (a Gloria) o le dio cirrosis en la cumbre de su carrera? Fiel a la ley de gravedad, el ídolo cae: al chingadazo o investido de la dignidad de la cirugía plástica.
Una vez agotados los calendarios, las papas sin catsup y los zapatos viejos, la Trevi se toma un merecido descanso. Pero un ave de mal agüero se cierne sobre Gloria y su manager. Es T.V. Azteca, nuevo emporio de las telenovelas.
NUDO GORDIANO:  La Trevi coquetea con la posibilidad de firmar una exclusiva con Azteca. A última hora, dice papá Sergio que siempre no. La broma macabra le cuesta cara a Gloria. A) Porque vuelve a Televisa a dirigir un bodrio de la empresa: XETU REMIX, refrito de un programa de la década de los ochenta.  B) Los Aztecas le declaran la guerra al Canal de las Estrellas. Y órale, comienzan los chingadazos. Ahora sí, Gloria, saca tus trapos al sol.
¡En esta esquina, el equipo de Ventaneando! Doña Chapoy presenta en exclusiva el último grito de la temporada. Aline y su libro La Gloria por el Infierno, donde relata de cómo Andrade usa su Trevi-Anzuelo para pescar doncellitas de secundaria, ninfas coristas que luego se echará al plato. Gloria se convierte en carnada, y Aline en el pobre pececito seducido por el tiránico Sergio (la seducción llegó a extremos aberrantes: se casaron). Moraleja: aléjate de tu ídolo o caerás en las redes de su manager. Por cierto, el programa el ojo del huracán presentó a una Aline que no descarta la posibilidad de lanzarse de nuevo al estrellato, después de ganar la demanda al dúo perverso.
¡Y en esta otra....! Televisa hace un especial para exonerar a una Trevi deslucida y taquera. Gloria echa sus rollos positivos, ríe y platica de su viaje a Italia, para grabar nuevo disco. Otro programa aséptico: Gloria es entrevistada por la inefable Cristina y cosecha aplausos con una afirmación de tintes escatológicos. La idea es, mas o menos: por la mala, soy muy mala, pero si hay que limpiarle la mierda al ser querido, pues se la limpio. Hace unos días retransmitieron la entrevista, con un vip más apestoso que la palabreja censurada.
EL CLÍMAX. La prueba que pondrá en tela de juicio esta estoica afirmación, no se hace esperar. Lejos de una Aline con pretensiones legítimas y afanes protagónicos, de las confesiones pudorosas de las ex coristas, ahora un periódico local anuncia que la Interpol va tras la Trevi. Y el suplemento Gente del periódico Reforma (viernes 9 de abril de 1999) anuncia el título de esta película: Súper comando las rastrea.  A la Gloria, a la menor Karina y al insaciable Sergio. Es decir, las Familias de las Buenas Conciencias ya se hartaron de entregarle hijas vírgenes al pinche gordo.
¿Hallarán a la divina Gloria en una playa de la Costa Azul? ¿Seguirán Gloria y Sergio, juntos hasta la ignominia? ¿Cumplirá Gloria su palabra? Seguramente ya está regateando con don Goyo por el precio  del pachoncito que todos quieren. (Regio, como ella). No se pierda el final de esta apasionante historia.






jueves, 22 de febrero de 2018

Puños de Oro





"Soy un chavo; un chavo de diecinueve años".  La afirmación categórica nos desternillaba de risa a todas las sobrinas. Estábamos en la secundaria, yo no cumplía aún los quince años y me dejaba alegrar por lo absurdo de esa afirmación en boca de un señor canoso de cincuenta años.  La edad y las canas características de los Flores que yo misma tengo ahora.

Jamás pasó por mi cabeza que el hermano mayor de mi padre estuviese diciendo la verdad.  Creí que su dicho era un delirio de juventud, una fanfarronada de quien se resiste a abandonar sus años mozos y traspasar el umbral, para vivir, con suerte, otro medio siglo de vida.  Y aunque moríamos de risa, la incredulidad no nos impedía festejar las ocurrencias del tío Jorge. Narrador nato, estaba presto a contarnos sus hazañas y a hablar de la legión de admiradoras que no cesaban en su afán de conquistarlo.  “Tentación de más de mil mujeres”, era la frase zumbona del tío Juan.

Y había tentación para rato.  Jorge Flores, conocido en el ambiente del pugilismo como Puños de Oro, tenía anécdotas para tirar pa’rriba debidas, en parte, a su versatilidad laboral: contador privado, maestro de archivonomía y mecanografía, supervisor en una fábrica de hilados y tejidos, comandante de policía, inspector, periodista, administrador del mercado… Tantos y tan variados quehaceres, que la vorágine de su vida le había impedido ejercer a cabalidad.  Y era imparable. Para 1982, ya había descubierto el esoterismo, tenía varias fotos del gurú Sathya Sai Baba en la sala de la casa, donde vivía con su mamá y estaba en proceso de aprender los métodos de sanación, de la mano de su amigo y guía espiritual José Antonio, alias El Tzotziro.   

Además de los oficios de ocasión, una vida vertiginosa, un caos a partir de su inmersión en el alcohol, eran materia para su amena charla, con episodios que al cabo de los años se hicieron emblemáticos: la serenata que terminó a golpes, los seis balazos que recibió en la calle real, convertida hoy en Andador Guadalupano, las madrizas que le propinaron aquí y allá por saltarse la decencia y las buenas costumbres.  ¡Ay, niño! El día en que tú naciste, temblaron todos los Flores…  Pero no todo eran anécdotas que hubieran reprobado las buenas conciencias.  Antes del culto a Baco, Puños de Oro fue un consumado deportista que brilló en el boxeo, el ciclismo, el beisbol, el futbol, la natación y las artes marciales. El chambelán ideal, pues.

Al escucharlo hablar, era difícil no contagiarse de su entusiasmo, de aquel torrente verbal en línea hiperbólica donde Puños de Oro era la figura central. Un antihéroe incomprendido que remataba sus cuentos diciéndome: si te fijas, sobrina, al final soy siempre el que acaba mal.  Yo me convertí desde entonces en una escucha fiel de sus historias. Me fui aprendiendo los episodios, les puse nombre y le pedí que me los contara una y otra vez. Corregidos o aumentados,  nunca me interesó la veracidad o la comprobación de datos.  Valía madres. Lo fantástico era escuchar su versión. La capacidad de trasmutar los imponderables y la monotonía de la vida cotidiana en pirotecnia verbal. Desdeñar los pecadillos propios y arremeter contra los otros, esos sí, grandes pecadores.

Para una chica de quince años, amante de los libros, tío Jorge era la materialización de los personajes de ficción.  Poder emocionarse y seguir los pasos de aquel aventurero sitiado una vez en un hospital de la ciudad de México, con la cabeza vendada. Reproducir la escena en mi cabeza: Puños levantando una hoja de la persiana, asomándose, desconfiado, para ver si aquéllos que querían ultimarlo seguían ahí.  Eso era mejor que cualquier libro o programa radial de Kalimán.

Que linda está la mañana, en que vengo a saludarte… Porque lo inverosímil era estar ahí, frente a ese señor ya gordo, comilón pero no carnívoro. Ese chavo que salía a correr todas las mañanas por el cerrito de San Cristóbal, con sus pants rojos y una toalla colgada al cuello.  Pensar que quien contaba las historias había estado al borde de la muerte y que en ese estado lo habían llevado a la capital chiapaneca, por la carretera libre.  El tío Jorge siempre remataba esa historia con una reflexión: “Todos los que me llevaron a Tuxtla, agonizante, ya están muertos.” Y seguía almorzando.

Puños sobrevivió. Sobrevivió a sí mismo, a su carácter errático y a los estallidos de furia de los que volvía siempre, confuso y arrepentido . Sobrevivió, y lo hizo en más de una ocasión, superando incluso a los gatos, quienes tienen siete o hasta nueve vidas.  Indudablemente, una de sus grandes hazañas fue haber escapado de las garras del alcohol, después de una borrachera intermitente que le había durado casi veinte años.  Dicen los que saben, que las visiones dantescas que tuvo en la borrachera fueron tan tremendas, que prefirió no volver a tomar, con tal de no contemplar ese horror.

Venimos todos con gusto y placer a felicitarte…  Era un veinticinco de febrero cuando Jorge Flores irrumpió en la fiesta de cumpleaños de doña Carmen Navarro.  Ahí, con acordes de marimba, anunció a los comensales que había dejado de tomar.  Los convidados lo contemplaron creyendo que había enloquecido.  Muchos lo habían esquivado en las calles coletas, cuando lo veían venir, ebrio y empistolado; tenían razón para desconfiar.  Pero Puños cumplió su palabra. Con ayuda de Alcohólicos Anónimos, no volvió a probar una gota de alcohol.

De su aúreo puño y letra fueron saliendo entonces sus anécdotas, mismas que escribía en cuanto papel caía en sus manos.  El reverso de un cartel de la feria o un programa de corridas de toros en la plaza La Coleta, eran un buen lugar para estampar, con mayúsculas, aquello que su memoria le dictaba como sucedido.  La generosidad de Luis Flores, el escritor de la familia, mecanografió los escritos, convertidos después en fotocopias, que el mismo Puños repartía por la ciudad. 


Esas hojas, fragmentos de ese rompecabezas indescifrable que es la vida de Puños, suscitaron sentimientos encontrados en los lectores.  Y me dieron, de paso, una lección invaluable sobre el poder de la ficción.  Los escritos se dividían en dos grupos; las loas a los personajes notables de la localidad, a veces en forma de poemas, y los relatos autobiográficos donde Puños de Oro narraba sus hazañas y de paso ajustaba cuentas con sus enemigos de antaño.  Si alguien lo había amenazado de muerte, golpeado o balaceado, el texto se encargaba de ajustar las cuentas con frases lapidarias: murió pobre y olvidado; se arrastró por el suelo, víctima de una congestión alcohólica…  La objetividad quedaba fuera de los relatos, porque las narraciones en primera persona rara vez están hechas para ponerse en los zapatos de otros. ¿Me viste feo? La ira de Dios te alcanzará tarde o temprano.

Algunos lectores, por supuesto, pusieron el grito en el cielo; peor si eran parientes de los mencionados. En la pila del bautismo, cantaron los ruiseñores…  y yo guardé los escritos.  Para mí, esas historias, antes que nada, muestran el espíritu indomable de alguien que recibe al nacer todos los dones y decide, en un gesto enigmático, apostarlos todos en un palenque de gallos.  Un señor que dicta su vida como le da la gana, a sabiendas de que la realidad a veces es sinónimo de frustración.

La suma de las historias, las hojas repartidas en los andadores coletos son un rompecabezas que hoy empieza a cobrar sentido y deberían convertirse en un libro digno de un personaje memorable de San Cristóbal. Ya viene amaneciendo, ya la luz del día nos vio… Este nueve de febrero, el eterno pugilista de diecinueve años le gana ochenta y seis rounds al tiempo, cincuenta de ellos en perfecta sobriedad.  Feliz cumpleaños.



Ciudad de México; 07 de febrero de 2018.



miércoles, 21 de febrero de 2018

La tortuga y la liebre










Corría el año del levantamiento zapatista. Era nuestro último semestre como estudiantes de Ciencias Humanas, y el futuro se antojaba incierto. Aunque ya llevábamos un seminario de investigación, no teníamos ni idea de cómo íbamos a conseguir el título. Mucho menos podíamos saber qué sería de nuestras vidas, pero Florentino Mondragón echó el anzuelo de sus pronósticos a la explanada del claustro mayor y me dijo: la Nina nos va a dar grandes sorpresas.  Traigo a cuenta esa anécdota, porque el cabrón no se equivocó.

La maestra María Antonieta Flores Ramos vuela hoy a Brasil.  Nina, para los cuates, en estos momentos debe estar ya por los aires, lista  para aterrizar un proyecto que persiguió durante diez años y le tomará cuatro años más concluir: un doctorado en la Universidad Federal de Matto Grosso.  Apenas ayer, cuando fuimos a despedirla, le pregunté de qué iba su proyecto.  A grandes rasgos, entendí que analizará los retos que enfrentan sus alumnos, hablantes de lenguas originarias del estado de Chiapas, en la escritura de éstas y el Español.  O eso entendí. 

Me parece magnífico su tema. En primer lugar, porque mi hermana, en sí misma, es maestra en el arte de los desafíos. Y las negativas no la hacen pestañear.  Le puedes decir no una y otra vez. Iluso. No sabes que tienes enfrente a alguien que no te está escuchando. Antes bien, frunce el ceño, analiza el panorama y pone en práctica su siguiente estrategia. Parece que sacara recursos de un baúl inagotable de maniobras, de donde proviene también su corrosivo sentido del humor. 

Vaya usted a saber de dónde sacó esa capacidad para correr carreras de obstáculos. Sé de cierto que desde niña poseía una capa de invisibilidad.  Uno apenas poniéndose los tenis y ella ya había dado tres vueltas a la pista.  En una ocasión participó en una carrera; no ganó, pero llegó a la meta de la mano de su madrina, la tía Pita, quien la acompañó corriendo los últimos metros. Nunca era la más veloz; era la que siempre concluía el recorrido.  Cuando intentó estudiar pintura, sus bocetos no convencieron a los examinadores. Pues al otro día ya estaba presentando examen de admisión en el Claustro de Sor Juana, y de ahí se graduó tras nueve semestres de estudios y otros tres años de aventuras con la tesis, que ni Umberto Eco hubiera imaginado. Con esa hazaña, la Nina  nos dejó claro a todas las liebres que ella era la tortuga de Esopo.  No copiaba ni hacía trampa en la carrera. Y como en la fábula.  Cuando casi todos estábamos en el  jijijí, jajajá, en el Dolce Far Niente y divagando sobre proyectos irrealizables, la Nina, subrepticiamente, se iba haciendo cada día de fichas bibliográficas, libros misteriosos y apuntes, donde se aplicaba al estudio de las figuras retóricas en la mitología griega.  Se iba a la Biblioteca Central en la UNAM, sacaba fotocopias (no había internet ni mucho menos webones), y encuadernaba sus copias con tapas de color azul, para al final colocar en la primera página un sellito con su nombre y la figura de un elefante. Teoría literaria, El Arte del Verso, todos los incunables de los tesistas estaban cuidadosamente alineados en su ropero.  Sorteó todas las dificultades.  Y aunque fueron tres años de trabajo y desventuras, fue la primera del grupo en titularse, en una aventura no exenta de episodios rocambolescos: asesores que abandonaban, conflictos administrativos, cambios y veleidades en el personal del Claustro, rencillas entre los sinodales, correcciones interminables, hasta un asesor fallecido. A cada baja, la Nina sumaba vidas. Sus aventuras dieron lugar a una crónica donde se hacía el relato del "cómo titularse, contra viento y marea".

Podría dedicar varias páginas a poner ejemplos similares donde la tenacidad de mi hermana sale victoriosa, pero sé que no le gustará, así que sólo mencionaré su hazaña más reciente. Su proyecto de tesis doctoral, al parecer, no es un tema que interese a personas ajenas al universo multilingüístico en nuestro país. Es tan caprichoso el destino, que después de varios años de búsqueda, cuando la ENAH ya estaba por abrir un grupo del que Nina ya formaba parte, al final le dieron la triste noticia de que el doctorado no se había abierto, por falta de alumnos. 

Otra vez opinó el Tino. Ahí lo vas a ver. Seguirá intentando.  De nuevo acertó.  Las escuelas patito quedaron fuera del universo tortuguil. Le llevó casi una década de estudios y solicitudes, de preguntar aquí y allá. Y mientras tanto, sus alumnos de licenciatura se iban titulando. De pronto la veíamos en las fotos, dirigiendo exámenes profesionales.  Fiel a su estilo, corregía trabajos escolares, enseñándoles a sus alumnos que no todo es cortar y pegar, poniendo notas e imprimiendo páginas para probar de dónde salían las tareas plagiadas. Y dando sus famosas clases de lectura y redacción. Y ahora sí, sumando publicaciones originales de gramática y lingüística a su librero donde se mezclan textos en español, inglés, portugués, además de su colección de ejemplares de "El principito" en idiomas diversos.  Hace unos meses emprendió la tarea de aprender tzeltal y dice que es el idioma más difícil, pero ya pronuncia algunas frases, para sorpresa y algarabía de sus alumnos, quienes saben bien lo que es tropezar con nuevos sonidos y grafías y de alumnos se convierten en maestros de su profesora.

Aunque el mundo exterior se tambalea y el estado de Chiapas sigue atravesando diversos conflictos, el trabajo constante de Nina ha rendido sus frutos. Ayer me dijo: uno de mis alumnos ya está en el doctorado.  Hace unos meses mi hermana recibió una carta de Brasil, país donde vivió varios años, aprendió la lengua de Camoes, estudió su maestría y tradujo, con ayuda de su esposo, un poema de Efraín Bartolomé. Antes, el estudio de la obra de un poeta de Ocosingo la llevó a concluir una licenciatura y una maestría.  Hoy, en el día internacional de la lengua materna,  Nina regresa a Brasil para trabajar, desde allá, en el doctorado, toda esa vasta experiencia adquirida con sus alumnos, hablantes de tzotzil y tzeltal,  a lo largo de más de diez años.  La acompaña su cuaderno de apuntes y una determinación a prueba de negativas, como no he conocido nunca en otra persona. ¿Por qué va a la gran carrera en ese inmenso territorio brasileño?  Porque la tortuga de Esopo sabe que toda gran jornada empieza con un paso. Y porque algo deben saber en el Matto Grosso que nosotros, las liebres, no alcanzamos a comprender.



Ciudad de México, 21 de febrero de 2018.