1. Los expedicionarios -abuelos y dos nietas- salen de San Crisis a las ocho de la mañana, a bordo de la Land Rover, con destino a la ciudad de México.
2. Al momento de encender la camioneta, se prende un sospechoso "foquito rojo" cuya única intención es desestabilizar los ánimos de los tripulantes delanteros. No saben -ni sabrán, Teofilitos- qué quiere decir esa luz agorera, pero el abuelo dice que así pasa siempre. Convencido de que los servicios de la agencia son un robo en despoblado, y que la compra de un auto no requiere futuros pagos por mantenimiento, dictamina que el foquito es ya parte de la rutina; después se apaga y todo sin novedad.
3. Desayuno en Tuxtla.
4. A las 3 de la tarde, veinte kilómetros después de decirle adiós a la caseta de Cosamaloapan, el foquito implacable da muestras de un poder insospechado: se quedan varados a la orilla de la carretera, en el vil monte.
5. Los abuelos hacen válido el seguro de la autopista: buscan su recibo de pago de la caseta y llaman a una grúa.
6. Llega la grúa salvadora a las 5:30 p.m.; pero la salvación tiene límites: el seguro cubre únicamente el trayecto a la caseta más próxima. Esto es, van de retache a Cosamaloapan, abuelo en la cabina de la grúa; abuela y nietas en la camioneta.
7. 6 p.m. Un mecánico ya los espera en la caseta, para obsequiarles un poco de corriente. Hace más: les diagnostica "un problema eléctrico". La camioneta enciende y -nomás por no dejar- deciden llevarla a una "revisadita" al taller del mecánico. El mecánico se adelanta.
8. Carretera; en plena curva, a mitad de un trébol, rumbo al pueblo, otra vez la comioneta se apaga.
9. Salta el abuelo de la camioneta y corre desesperado, en un afán de revivir sus tiempos de maratonista, para alcanzar al mecánico.
10. No esperemos milagros de un corredor de fondo. ¡Sí! Pasa un motociclista y lo lleva a toda velocidad.
11. Abuelo y mecánico alcanzado vuelven a pasarle corriente a la camioneta. Enciende de nuevo.
12. Cuatro kilómetros separan a la caseta del pueblo. Los recorren al increible promedio prehistórico de un kilómetro por hora. Miento: caminando seguro llegan antes. La caravana se integra como sigue: a la cabeza, un taxi con luces intermitentes; a continuación, el mecánico, muy ufano de la corrientez invaluable de su carcachita. Cerrando el cortejo, una Land Rover humillada, que se desquita apagándose a cada rato. El mecánico se detiene para repetir el ritual eléctrico. Y vuelta a empezar.
13. En determinado momento, los caravaneros deciden que ya está bien de jugar a los toques eléctricos de feria , y se deciden por un método ancestralmente eficaz: jalar la Land Rover con una reata. Las niñas y su abuela, siempre arriba de la camioneta, observan las maniobras.
14. Al final, todos los expedicionarios se bajan para empujar la camioneta, al interior del taller-casa del mecánico. Para probar que sí empujó, el abuelo muestra sus palmas empolvadas a las niñas.
15. A eso de las diez y media de la noche, el mecánico los lleva en su carcachita a la terminal de camiones, donde las niñas comen los huevos duros sobrantes del desayuno, y la más pequeña se duerme en una banca, mientras pasa algún camión.
16. A la medianoche, ¡por fin! suben a un camión infame, sin baño ni aire acondicionado, pero ni falta que les hace, pues: no hace calor. La suerte se acaba en los fríos de Puebla en madrugada. A eso de las siete y media de la mañana, cuando ya temblaron a gusto -Puebla, brrrr- llegan a la Tapo.
17. 8 de la mañana del día siguente a la expedición, llegan a Sole, lugar donde sí hay baño. El viaje ha durado exactamente veinticuatro horas.
18. Albricias; en la agencia, los abuelos son informados del servicio gratuito de rescate de Land Rover: los agentes ya van por la camioneta y se calcula que como a las 5:30 p.m. estén de vuelta en la agencia de Picacho. Se espera que, más tarde o temprano, esclarezcan qué chingados quiere decir el "foquito rojo".
Notas:
-La abuela envió mensajes frenéticos a la ciudad de México, dirigidos sobre todo a la mamá de las niñas, hasta que se le acabó el crédito. El último mensaje fue enviado en el momento climático de la expedición: cuando se quedaron parados en la curva. Sólo decía "estamos peor".
-El abuelo también habló varias veces por teléfono, para denunciar la traición del foco rojo.-Tía y mamá estuvieron a punto de ir al rescate de las niñas en la camioneta de la madre de éstas; una Mitsubishi que ha hecho varias veces el trayecto Chiapas-D.F. y nunca se ha descompuesto.
-Mientras los expedicionarios eran arrastrados a Cosamaloapan, tía y primo estaban en ascuas, recibiendo mensajes de texto y viendo la la película de 2012, sobre el fin del mundo, en casa de una amiga de la tía. Ambos coinciden en afirmar que "estaba más intenso el asunto de la camioneta."
Ciudad de México; 23 de agosto de 2010
