Hasta pronto, Paty.
Parece mentira que la vida pase tan pronto, que ayer estuviéramos
corriendo todos en tropel cuando sonaba la chicharra. Era la hora de la salida y el patio se
llenaba de colores blanco y guinda, el uniforme de la Escuela Secundaria Técnica
número uno. Todos corrían rumbo al
autobús que los llevaría al centro, porque la escuela frente a la Catedral
había sido demolida ya y las nuevas instalaciones, periféricas, estaban
próximas al entronque del periférico y a la carretera Panamericana que conduce
a Comitán.
En esos años de secundaria nos tocaría presenciar la lluvia de
ceniza del Chichonal que empezó con una lluvia de polvo finísimo apenas
perceptible en las camisas blancas, ante la alarma de los profesores. De inmediato nos mandaron de vuelta a casa,
aquella mañana en que se hizo de noche a mediodía.
Los autobuses conducidos por don Lupe y su amigo El Gato hacían varios viajes para dejar
a los compañeros en lugares más próximos a los barrios donde vivían. El centro era entonces un lugar por donde se
podía caminar con tranquilidad.
Algunos partían a Santa Lucía; otros a Mexicanos, a la Merced o a
Guadalupe. Dos compañeras del grupo eran de San Ramón. Una de ellas, bajita y
aguerrida, con una larga cabellera de color castaño, vivía en la calle
principal del barrio, célebre por su pan. Paty Velasco, famosa por su
hospitalidad, nos recibió incontables veces en las puertas abiertas de su
casa. No importaba caminar hasta allá,
porque a las personas generosas se les busca y se les quiere, porque sí, se lo
han ganado.
Los años y la vida llevaron por rumbos diversos al grupo F de Contabilidad. Paty se fue a la capital del estado, estudió
administración y luego supimos que se había marchado a administrar un hotel en
Palenque. Hará apenas dos años
reapareció, en una reunión de compañeros de secundaria y no dejó de
sorprendernos que siguiera, ya no con el pelo largo, pero sí con su afabilidad
característica.
Hoy esa Paty Velasco de antaño vuelve a estar más presente que
nunca. Quisiéramos despedirla con las risas y porras del autobús o con la
imagen de los portafolios rojos apilados afuera del salón. Tal vez con la voz
del maestro Chusito pidiendo que por favor guarden silencio todos. ¡Y nada! El
relajo subiendo de tono. No sé, quizá
otro buen recuerdo sean los rebotes de los balones de basquetbol en las canchas
o hasta el rumor de las máquinas de escribir. Hasta el frío de las siete de la
mañana sabe mejor cuando va uno a reunirse con los amigos en una escuela
cubierta aún por la neblina.
Parece mentira que la vida pase tan pronto. Hoy estamos todos con
un poco de sueño; hemos regresado el tiempo y estamos todos en clase de siete
de la mañana. Se escucha la voz de la
maestra Silvia Luna pasando la lista.
Todos, uno a uno, levantamos la mano para decir presente y así, con
nuestros recuerdos, afectos y nostalgias, con un abrazo enorme a sus
familiares, acompañado de un café con pan de San Ramón, le decimos un hasta
pronto a nuestra querida compañera Patricia de Jesús Velasco Culebro.
Descanse en paz.
Los compañeros del grupo F de la
Secundaria Técnica número 1.
Generación 1980-1983.

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