domingo, 19 de septiembre de 2021

Instantáneas

 Creo haberla visto hace algunos años en la ciudad de México, estudiando fotografía. Me parece que le obsequié un tanque revelador y cuando lo sostuvo entre sus manos, me pude imaginar su pericia táctil en el cuarto oscuro. La película enrollándose con la paciencia de la fotógrafa. Por mi memoria se deslizan algunas de sus imágenes. Es amante de los detalles minuciosos, de los dientes de león, del instante preciso en que una gota de rocío se abandona en el pétalo de una flor.


Dicen que cuando el maestro llegó a la universidad Intercultural, había ahí, entre la nutrida concurrencia, una morena de ojos claroscuro (esos ojos de la abuelita Carmela) bebiéndose las palabras de José Emilio Pacheco. No quería que lo interrumpieran con tanto aplauso. Ella quería escuchar. Y cuando, en una rueda de prensa, también entre la multitud, escuchó al periodista increpando a Sabina, ¿estás borracho?, casi saltó del asiento y le dieron ganas de meterse debajo de la silla plegable. ¿No hay, por dios, preguntas más originales?

Hay a quienes les consta; habla bajito y rara vez levanta la voz. Ni siquiera cuando salió volando de la bicicleta y recibió el impacto en el rostro, los gritos estrellaron a las piedras. No la arredran los golpazos. Ha rodado su bicicleta, reinventando los senderos en las montañas que rodean al valle.

Cuentan que pasaba las horas en guardia, esperando que su mamá advirtiera por fin su presencia. A veces creo que la tía se levantó de la cama de hospital para premiar su constancia.

Según, hay por ahí un video donde está bailando Payaso de rodeo, en la boda de su hermano Pepe. Me cuesta trabajo asociar su naturaleza tímida con las coreografías multitudinarias y el relajo de los antros y las fiestas. Pero alguna vez me ha contado de su poder para desaparecer los horarios, salir a pasos subrepticios en la noche y fiestear hasta borrar todo rastro de oscuridad.

Ayer me llegaron noticias de San Cristóbal. La prima Paulina afirma que voló desde el norte del país hasta Chiapas para asistir a un instante imperdible y grabarlo en su memoria. Asegura, categórica, que la tarde del dieciocho de septiembre, Carla Morales no estuvo tras la cámara ni en el cuarto oscuro revelando fotografías. Tampoco se enfrascó en un duelo de pedales, para subir una cuesta bajo el calor del mediodía. No fue la habitual presencia discreta de las conferencias y las ruedas de prensa. Ayer saltó al primer plano de la fotografía y todos nosotros, hasta los presentes en ausencia, recibimos rosas y aplaudimos cuando la feliz pareja abrió el azul de la pista de baile con el blanco de sus vestidos. No exagero al afirmar que todos nos asomamos a ese momento, tal y como lo hubiese visto alguien con los ojos de la abuela Carmen: Atentos a disparar en un tris y capturar una instantánea de la felicidad.

Ciudad de México; 19 de septiembre de 2021.